viernes, 1 de febrero de 2008

Las dos caras de la inspiración


No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando.
El escritor no apartaba los ojos de ellas.
A cinco minutos de las doce había llegado la inspiración.
- Menuda sorpresa. Me pillas trabajando, dijo el escritor.
Dos pechos enormes rodaron por la cocina.
Coño, pensé yo desde el folio. Las musas ya no son como antes.
El escritor se perdió babeante en el canalillo.
No es que me guste ser princesa, pero de algo hay que ganarse la vida. En dos minutos me transforma, pensé.
El escritor paseó sus dudas por el escote. Y yo me quede sin cuento.
¿Por qué sin tetas no hay paraíso?
Ilustración Maxiluchini

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