Ana Juan

miércoles 16 de diciembre de 2009

Un día de lluvia




Cuadro "Golconde" (1953) de Rene Magritte



La lluvia no cesaba y aunque sus pasos eran rápidos nada evitó que su pelo recogido en un moño se mojara. Entró para protegerse de la lluvia en la misma librería que la tarde anterior había visitado. Se acercó a las mismas estanterías que había ojeado y comenzó a buscar. Intentaba encontrar el título sugerente y onírico que el día anterior le había llevado a coger el libro que ahora buscaba.

No recordaba ninguna pista que pudiera acercarle a él. Tan sólo recordaba que el autor era argentino y amigo de Apollinare. Intentó rememorar y centrar su posición frente a las estanterías. Tal vez colocándose en el lugar oportuno la regresión y la búsqueda serían más sencillas. “¿Consejos para durmientes…?”, no. ¿Empezaba el nombre por la “i”?, tampoco.

Entonces una jovencita de unos 16 años la empujó y pidió disculpas después de hacerlo. Cogió la escalinata que permitía alcanzar los libros de la última balda y le dijo a su amiga que debía elegir entre dos libros. La chica bajó sosteniendo en la mano derecha un libro de Emily Brönte “Cumbres Borrascosas” mientras su amiga mantenía con ambas manos “Las olas” de Virginia Woolf.

- ¿Cuál?, preguntó la chica morena que había subido las escaleras.


Un señor con gabardina beige y de avanzada edad, que ojeaba libros cerca y había observado la situación se dirigió a las chicas e intentó ayudarlas a elegir.

- Mejor el de Virginia Woolf, respondió el caballero.


Las jóvenes le miraron recriminándole el atrevimiento. Era un desconocido y que le importaba a él, que libro iban a comprar. La chica morena le contestó molesta.

- No es para nosotras es para mi madre.


El señor atento, les advirtió que “Cumbres Borrascosas” era un libro muy conocido y que probablemente ya lo tendría o lo habría leído. Y les sugirió que lo compraran en bolsillo sería más económico.

La chica indignada le dijo que no, se trataba de un regalo y en ese caso siempre era mejor la tapa dura.

Al otro lado de la escena estaba ella, con el moño goteándole y distraída de su búsqueda. Pensó en lo que acababa de decir la joven y al mirarla creyó ver a la madre de ésta dándole ese consejo a su hija. Ese consejo que la ayudaría a guardar las apariencias y a quedar elegantemente en un mundo en el que aparentar es ya casi más importante que ser.

El señor se dio cuenta por el tono de la respuesta de la joven que estaba molestando y se calló. La chica del moño le observó mientras se movía lentamente para alejarse de aquella situación. Cuando el hombre pasó por su lado, ella cortésmente le dijo en voz baja.

- Yo también opino como usted.


El caballero hizo un ademán y espero a que las jovencitas se alejaran hacia la caja, después de haber depositado “Las olas” en su lugar correspondiente. La chica del moño pensó que tal vez si aquel hombre no hubiera dicho nada Virginia hubiera tenido alguna posibilidad de ser comprada y tal vez leída. El caballero se dirigió a ella y dijo:

- Las cosas han cambiado mucho. Los jóvenes ya no son como antes dijo refiriéndose a lo molestas que se habían sentido las chicas por sus palabras. Y continúo, el otro día les pregunté a mis alumnos si conocían a Simenon. De los treinta y cinco, ni uno había oído hablar de él. Después les pregunte si conocían a un tipo llamado Franco. Y todos respondieron que sí, y contentos sonrieron por saber de quién les hablaba.

- Que triste ¿verdad? dijo la chica del moño y añadió pero no crea que los de mi edad si conocen a Simenon.


Los dos se miraron, guardaron silencio y cada uno siguió su camino, cada uno en la búsqueda particular de su libro. Minutos más tarde el caballero volvió junto a la chica del moño y le dijo:

- Veo que es usted una mujer interesada en la lectura. Si le gusta Muñoz Molina no se pierda su último libro. Para mí “El jinete polaco” es una de sus mejores novelas y éste último sigue el tono de aquel. Es esplendido.


La chica del moño goteante asintió y le vinieron a la cabeza “El dueño del secreto” y “En ausencia de Blanca”, aunque había leído algunos títulos más del maestro de Jaén, fueron esos los que recordó. Antes de que el caballero se alejara nuevamente la chica del moño le preguntó:

- ¿Es usted profesor de literatura?

- No, por Dios, contestó, soy profesor de derecho, de derecho financiero. Soy un rara avis, ya lo ve.


El caballero sonrío cortésmente y se alejó. La chica del moño siguió con su búsqueda un rato más pero pronto se dio por vencida. Antes de salir de la librería buscó con la mirada al caballero que hablaba y reía con uno de los libreros. Cruzaron una última mirada y ella salió del local.

La lluvia había cesado y aunque el suelo estaba más gris que antes y el cielo más mojado, no pensó que no le entristeció no haber encontrado el libro supo que esa búsqueda como su realidad misma, había quedado en suspenso.



lunes 14 de diciembre de 2009

Olvido o silencio




Fotografía de Isabel Tallos

Olvido y silencio forman parte de la vida. Algunos episodios, los del dolor y la desdicha, se ocultan de manera deliberada. Otros, simplemente, los difumina poco a poco la indiferencia o los nuevos recuerdos. Nosotros olvidamos mientras otros nos olvidan.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Sueños perdidos



Fotografía de Bryan Schutmaart

Hicimos un agujero en la sabana para que los sueños pudieran vernos mientras dormíamos.

Otro día

Fotografía de Marie Hochhaus

http://www.flickr.com/photos/mariehochhaus


"Me miraste con asombro. Yo te miré con todas mis fuerzas: “Reconóceme, ¡reconóceme de una vez!”, gritaba mi mirada, pero tus ojos me sonrieron cordiales e inconscientes. Me volviste a besar, pero no me reconociste. Me apresuré en llegar a la puerta porque sentía que acudían las lágrimas a mis ojos y no hacía falta que lo vieses. De tan impetuosamente como salí, en el recibidor por poco me choqué con Johann, tu sirviente. Con inmediata consideración y con su timidez característica, se echó hacia atrás, me abrió la puerta de un golpe para dejarme salir y entonces –en aquel segundo, ¿me oyes?- en el único segundo en que miré a aquel hombre envejecido, cuando le miré con los ojos llenos de lágrimas, de repente, se le iluminaron las pupilas. Sólo en un segundo, ¿me oyes?, en un segundo aquel viejo me reconoció, él, que no me había visto más desde que era una jovencita. Hubiese podido arrodillarme ante él por haberme reconocido y besarle las manos, pero sólo saqué los billetes de banco que me habías adjudicado y se los di."


Carta de una desconocida. Stefan Zweig


viernes 2 de octubre de 2009

Especuladores del cielo

Chris Marker cineasta, fotógrafo y escritor francés dijo en una de las cartas filmadas que le escribió a Medvedkin, después de la muerte de éste: " ¿Recuerdas que lloraste al ver cómo dos imágenes juntas podían tener sentido? Hoy la televisión inunda todo el mundo con imágenes sin sentido y ya nadie llora."

"Muy señores míos. Hace unos días el que hasta entonces era mi pareja, me entregó un folio impreso que dijo ser mi regalo de cumpleaños. En él, se me comunicaba, que una estrella había sido bautizada con mi nombre. Una enorme esfera de gas incandescente situada a billones de kilómetros de mí, se llamaba desde ese día como yo. Se me informaba que los nombres de todos los propietarios de estrellas eran registrados una única vez, lo cuál significaba que mi estrella era exclusivamente mía. Pueden imaginarse cuál fue mi dicha. Mi nombre figuraría en la bóveda de inscripciones y se anotaría en un libro archivado en las oficinas de la propiedad intelectual de los EEUU. Aquel folio iba acompañado de un mapa celeste que me ayudaría a encontrar las coordenadas astronómicas de mi propiedad y que además, gracias a un trazado científicamente exacto, me proporcionaría una perspectiva única del entorno de mi astro y me enseñaría a navegar por el cielo con mi telescopio. Hasta ahí todo iba bien pero esta mañana he descubierto que mi ex novio no compró una única estrella sino que compró lo que ustedes denominan “Kit estelar par de estrellas”. Lo que significa que él bautizó esa segunda estrella con su nombre, y que su propiedad va a estar junto a la mía para el resto de mi vida. Entenderán lo que supone para mí, mirar el cielo cada noche y darme de bruces con su estrella. No me gusta la idea de compartir mi pedazo de universo con él, el resto de mis días. Desearía que me informaran de que es exactamente lo que debo hacer para cambiar o devolver mi propiedad. Atentamente, Katharine.”

“Estimada Katharine, entendemos las razones que le llevan a sentirse así. ¿Quién no ha roto en alguna ocasión una relación sentimental y ha deseado borrar totalmente todas las huellas que ese amor, ahora transformado en desamor, han dejado? Debemos informarle que existe una cláusula en el contrato de compra venta de su kit que imposibilita la devolución de su estrella. Tampoco podría usted revenderla si lo deseara. Hace años existía esa opción, siempre y cuando usted se hiciera socia de nuestra empresa, pero estudios científicos nos han llevado a comprobar que desde el momento en el que una estrella es bautizada con el nombre de alguien, se establece entre ambos un vínculo íntimo imposible de romper. Dicho estudio hizo que nuestra empresa se viera obligada a eliminar la posibilidad de reventa. Lo que he de comunicarle es doloroso para todos, sabedores de su situación emocional actual, debemos decirle que usted ya no posee una estrella sino un agujero negro. Sus emociones han marcado de tal modo su propiedad, que el brillo estelar se ha apagado. Su estrella se ha enfriado y colapsado y es ahora un fenómeno muy especial. Procedo ha explicarle lo acontecido. El interior de la estrella ha sido aplastado y comprimido por el enorme peso del gas que la compone. La fuerza de la gravedad aumentó cuando usted y su pareja rompieron su relación, con lo cuál el núcleo o corazón de su astro se desvaneció. Nos vemos obligados a hacerle saber que tendremos que aislar su propiedad para proteger la del resto de nuestros clientes, levantaremos para ello enormes y consistentes muros que la aislaran. Debe saber que cualquier cosa que pase cerca de un agujero negro, incluso un rayo de luz es atraído, por aquél para no dejarlo escapar jamás. Un agujero negro es invisible y engulle todo aquello que encuentra a su paso. Lamentamos tener que comunicarle que ya es tarde para echarse atrás. Atentamente, Stelar Company.”

Katharina recibió la carta y la leyó con detenimiento. Quiso contestarla, amenazarles con una demanda pero un vacío oscuro comenzó a crecerle por dentro y se lo imposibilitó. Comenzó a llover tanto que su rostro se reflejo en la cortina de lluvia como en un espejo. Supo que había llegado el tiempo de imaginar. El tiempo de reinventar, de enseñarle a su agujero negro a brillar como una estrella, eso sí manteniendo su actual forma de hueco oscuro e invisible. Se permitió un tiempo para el recuerdo, trajo a su voz esa canción de Fito Paez que dice “Algo se detuvo en punto muerto. Y fue tan grande ese silencio, fue tan grande el desamor. Cuando los jazmines no perfuman. Cuando sólo vemos bruma. Cuando el cuento terminó. Todo nos parece intranscendente. No es cuestión de edad o suerte sino de amor.” Y mientras tarareaba, sacó de un cajón sus pinceles, tenía que darse prisa. Dibujó un nuevo sol y una nueva luna. Formó un sistema de planetas, lunas, cometas y estrellas. Todas ellas por descubrir. Hinchó un globo y metió su vía láctea y también a su corazón que marcaría desde entonces el ritmo del vuelo. Metió cartas de amor, cartas con chistes, ensayos filosóficos, sobre arte, deducciones matemáticas. Transcribió relatos y libros, cuentos infantiles.Susurro canciones y metió besos. Hizo un nudo y se permitió un tiempo para admirar su obra. Ató un cordel al globo y esperó a que anocheciera. Miró al cielo y comprobó que aún no habían construido esos muros que castigarían al silencio y al aislamiento a su agujero negro. Soltó la esfera de plástico y vio como se aproximaba a ese ser invisible que de algún modo, también era ella. Después apagó la luz y se durmió. Había llegado su tiempo de soñar.

miércoles 16 de septiembre de 2009

La Srta. Bosque y el Sr. Camino

“No seas el inferior de cualquier hombre, ni de ninguno el superior. Recuerda que todo hombre es una variación de ti mismo. Ninguna culpa humana es ajena a ti, y tampoco es una cosa aparte la inocencia de ningún hombre…”

UN MOMENTO DE TU VIDA . W. Saroyan

“Otra y cambiante
Porque la palabra me celebra en su júbilo inestable
¿O qué no cambia? ¿Permanece inmóvil?
¿Qué se yo de la palabra sino que se divierte en recorrerme serenamente, en hacerme irreconocible, inasible?”


La salvaja.
Carmen Boullosa 1989 (Poeta mexicana)




Ilustración de Violeta Lopiz


SRTA. BOSQUE - Sólo quien cavó la tierra para plantar un sueño, sabe lo que significa confiar en la esperanza de que el mundo de uno, crezca hacia afuera y no hacia adentro - dice la Srta Bosque, mirando desafiantemente a su compañero de reparto, el Sr. Camino.


SR. CAMINO - Pues los éxitos como los fracasos duermen silenciosos, a la espera de que alguien les libere de sus limbos, le contesta indignado el Sr Camino a la Srta Bosque, porque ésta menosprecia su actuación.

Desde bambalinas, el telón del teatro observa en silencio la batalla dialéctica, él que compartió el espacio vacío con Brooks, que vivió de cerca a Thomas Lanier Williams y aprendió de Harold Pintter.


TELÓN DEL TEATRO - Necios, piensa, os empeñáis en creer que existe un camino hacia arriba y otro hacia abajo y ya lo dijo Heráclito, son uno y el mismo. Aprender a leer el mundo y os alimentaréis de él, como las hojas que respiran el viento, sin pararse a pensar en la dirección en la que sopla, si hacia arriba o hacia abajo.

lunes 14 de septiembre de 2009

Las confidencias de mi salón.





Ilustración de Citlalinushka Mirnanovka
http://citlalindedibujo.blogspot.com

Nadie pregunta nunca nada a los muebles, esos testigos que silenciosos presencian los grandes secretos y claves de nuestras vidas. Hay algo de cotidiano en esos objetos, algo que termina por hacerlos invisibles y sin embargo, presencian tantos acontecimientos importantes. Aprender a escuchar a esos espías mimetizados con nuestras casas fue todo un descubrimiento. Al principio, fue mi secreto, pensé que era un don que poseía y me diferenciaba. No tardé en saber que eran muchos los que como yo podían hacerlo. Viví con relojes de pared que jugaban a parar sus manecillas cuando los mirabas, como si pretendieran jugar con uno a los pies quietos. Con mesas que jugaban al tres en raya o sillas que corrían por llegar a la meta en una pista de atletismo. Charlé con butacas aficionadas al ajedrez que me descubrieron lejanas tierras y fabulosas aventuras. Saber de la vida de los muebles hizo que tomara la costumbre de sacar las sillas a la playa para que vieran el mar y tostaran sus maderas al sol. Llevé a las mesas a hacer deporte, a visitar museos, a hacer graffiti en calles escondidas. Les conté de mis amores, mis miedos y mis enfados. Y compartimos sus secretos y mis silencios. Ahora al entrar en casa es fácil no sentirse solo. Basta con apoyar sobre los muebles el oído y esperar, como el que se acerca una caracola en la playa para escuchar el mar.