viernes, 15 de enero de 2010

Un manojo de nervios



Fotografía de Sally Mann.

Se duchó deprisa, casi sin dejar que el agua humedeciese los poros de su piel y mientras lo hacía decidió que aquel día llevaría como música “glassworks”.

Frente al espejo, que sus amigos de la infancia le habían regalado el día de su boda, se vistió sin prestar demasiada atención a la máscara de algodón que le ocultaría el cuerpo, un vestido azul con pequeñas flores negras, que le otorgaba un aspecto desenfadado. Con cierta parsimonia seleccionó sus nervios, lo hizo de uno en uno, separando uno de otro, como quien elije las flores que quiere regalar, fijándose en la belleza de éstas, deleitándose en los colores y pensando en su significado. Y se acercó a su interior y uno a uno, fue cortando sus tallos. Con tres o cuatro tendría suficiente, pensó, una docena sería excesiva, desbordaría el ramo.

Después tomó algunas ramas de la esparraguera que con los años había brotado cerca de su estómago, con ella se ayudaría para dar volumen al conjunto. Distribuyó los nervios y la esparraguera de manera alternativa, procurando que los nervios no perdieran su protagonismo. Con goma elástica aseguró la parte inferior del ramo. Finalmente tomó unas cuantas cebollas e hizo papel con sus sensibles hojas, rodeó los nervios y fijó el ramo con un lazo transparente. Horas más tarde se lo entregó a su compañera que sentada frente a ella, delante de un café, no supo como encajar aquello.

3 comentarios:

Penélope Sierra dijo...

Esta fotografia me hace pensar y sentir millones de emociones, quiero verla una y otra vez, y aún así, no se explicarte lo que siento... es sencillamente perfecta!

Que bonito lo que haces!

Penélope Sierra dijo...

Entre el relato y la foto, creo que me quedo aquí toda la noche, jeje...

El peaton del aire dijo...

La niña de la foto es la hija de la fotógrafa y la verdad es que su trabajo es fantástico. Siempre es un placer que me visites y mucho más que decidas pasar la noche en casa.
Besos