viernes, 25 de junio de 2010

El viento




La señal. Ángel Mateo Charris (2003)


"Cuando recientemente me retiré a casa, estaba decidido a no inmiscuirme, dentro de lo posible, en asunto alguno, y a pasar en paz e intimidad el poco tiempo que me quedaba de vida. Me parecía que la mejor manera de satisfacer mi espíritu era dejarlo en completa ociosidad para explayarse y entretenerse con sus propios pensamientos. Y esperaba que con el paso del tiempo, habiéndose vuelto mi espíritu más maduro y estable, podría hacerlo con más facilidad. Pero ocurrió lo contrario. Como un caballo desbocado se dio cien veces más rienda suelta. En mí surgió toda una horda de quimeras y formas fantásticas, una tras otra, sin orden ni concierto. Y para contemplar con más frialdad su extravagancia y absurdidad, comencé a ponerlas por escrito, esperando que con el tiempo mi espíritu se avergonzaría de si mismo. Un alma que no se fija una meta, se pierde. Quien quiere estar en todas partes no está en ninguna. Ningún viento ayuda al hombre que no va a puerto alguno."

"Montaigne". Stefan Zweig


Stefan Zweig preparó todos los detalles para su muerte. El veneno, las cartas de despedida a sus amigos y el destino que debía correr su cuerpo una vez abandonado. Pero su adiós no fue una deprimente nota que plasmaba su angustia deseperada, esa que vivía en una Europa que se venía abajo, ni la sobredosis de Varonal que tomó junto a su esposa sino un ensayo. Trazo un retrato de Montaigne, el pensador renacentista que elogió la belleza de la muerte voluntaria. "La vida depende de la voluntad de los otros; la muerte de la nuestra"



Trivia. Ángel Mateo Charris (2003)

miércoles, 23 de junio de 2010

Una corona de sol




Imagen del Halo rodeando al sol desde Aserrí, Costa Rica. Foto tomada por Blanca Rivas



Abandono mi lenta lectura de Montaigne con la esperanza de que a pequeños tragos la semilla de su sabiduría germine en mi pensamiento, porque como el mismo decía “así como las plantas se ahogan por exceso de agua y las lámparas por exceso de aceite, lo mismo ocurre a la acción del espíritu por exceso de estudio y de materia”. Es cierto, sólo nos preocupamos por llenar nuestra memoria dejando así vacíos nuestro entendimiento y nuestra conciencia. Una enfermedad que acompaña a los hombres desde tiempos inmemorables como un mal endémico. Lo vio Montaigne en sus contemporáneos, lo compartió Stefan Zweig casi quinientos años después y lo constata hoy en día cualquiera que se fije mínimamente en nuestra tan informada sociedad, donde el bombardeo de noticias e historias llenan nuestra mente de conocimientos de imposible conexión.

Deambulo por esa caja de 45 metros cuadrados que encierra mis días y como si nada comienza el juego de las neuronas. Una primera corriente eléctrica o sinapsis alcanza a otra y construye un puente entre dos pensamientos. Una idea trae a otra y esa otra arrastra a una tercera que a su vez está estrechamente unida a la primera y se mezcla con ella para dar paso al nacimiento de una cuarta, en la que me detengo; Y así de un océano intransitable como son mis pensamientos emergen nuevas costas, nuevas tierras, aparece “La tempestad”.


También Shakespeare estudió los ensayos de Montaigne y dejó que las ideas del francés estiraran de las suyas, como el marinero tira de la red para sacar los peces. Poco a poco, construyó la arquitectura especular que conforma la estructura dramática de “La tempestad”. Ha sido muy comentado el hecho de que el nombre de uno de los principales personajes de la obra, Calibán, es el anagrama creado por el dramaturgo inglés a partir “De los caníbales”, título de uno de los capítulos de los “Ensayos” de Montaigne, en el que el pensador renacentista, habla de la oposición entre civilización y naturaleza desde una perspectiva utópica. Ese hombre natural, imprescindible para la constitución de la república ideal; El mundo al revés del filósofo, donde no habría comercio, ni letras, ni ocupaciones, ni vicios…donde el hombre se enfrentaría al vacío.


Me detengo sobre uno de mis pasos y la sombra de mi pie, en el colorido mapa que dibujan los ladrillos del suelo, me hace regresar a un párrafo inquietante que me sobrevino, hace unos días, en una lectura cuyo origen hoy no sabría precisar y que dice así:


“El cambio que nos destroza, decía Edgar, el hijo del Conde de Gloucester, en el Rey Lear, nos llega siempre cuando estamos instalados en lo mejor. Lo peor, en cambio, nos devuelve a la risa. Bienvenido, pues, aire insustancial que ahora abrazo. El miserable a quien has lanzado con tu soplo rumbo a lo peor, no debe nada a tus soplos.”


Confusa miró al cielo y allí descubro con asombro que el sol está rodeado por un arco iris circular que lo cerca. Algo similar al rastro que deja un avión en el cielo traza un círculo perfecto alrededor del astro y en esa nube algodonosa se dibuja un arco iris completo. La sensación de que un inmenso ojo irisado me observa desde lo alto es muy clara. Lo contemplo a pesar de que mi visión se hace ópaca por osar mirar al sol . Ícaro corrió peor suerte.

Más tarde Google me descubre que he sido testigo de “la corona de sol”, un fenómeno meteorológico que sólo se produce a muy baja presión atmosférica. Científicamente se llama “Halo solar” y se trata de la refracción de la luz a través de los cristales prismáticos del hielo o las gotas de agua existentes en las nubes (cirros muy altos) de la más elevada atmósfera y que se encuentran entre el observador y el sol.

Tengo entonces la certeza de que Shakespeare tenía razón cuando afirmaba que la vida está tejida de la misma materia que los sueños.



jueves, 17 de junio de 2010

Escribir



Fotografía de Ed Kashi

Una ficción se escribe desde atrás, me dijo. Mira a tu alrededor, mira al fondo de la habitación, allí junto a esas dos mujeres hay sentada una idea
y bajo la mesa, a sus pies como si fuera un gato adormecido una situación. Las mujeres están buscando una conclusión que resuelva su historia, necesitan encontrar un sentido a todo el tiempo que han estado compartiendo, una sentada al lado de la otra.

La música Paul Zinnard "You never get what you want"

martes, 20 de abril de 2010

Por una mirada



Cuadro del pintor danés Hammershoi

"Esa fue la primera frase que me dirigió, y aunque han pasado sesenta y ocho años desde esa noche, es como si todavía pudiese oír las palabras saliendo de la boca del maestro. - No eres mejor que un animal. Si te quedas donde estás, habrás muerto antes de que acabe el invierno. Si vienes conmigo, te enseñaré a volar. - No hay nadie que pueda volar, señor -dije-. Eso es lo que hacen los pájaros, y estoy seguro de que yo no soy un pájaro. - Tu no sabes nada -dijo el maestro Yehudi-. No sabes nada porque no eres nada. Si no te he enseñado a volar antes de que cumplas los trece años, puedes cortarme la cabeza con un hacha."

Mr. Vertigo, P. Auster



La ansiedad me tenía comida la imaginación. Deambulaba con los nervios a flor de piel, saltando de libro en libro, de “Los confines” a “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”. Y de ellos, al último tomo de “Tu rostro mañana”. Nada parecía conseguir interesarme. Leía a una velocidad vertiginosa y el poso de palabras que quedaba en la taza de mi cerebro no era más que un grupo de manchas inconexas e indescifrables que terminaban por borrarse de mí en minutos, dejando mí memoria limpia como la patena. Intenté respirar hondo y sentir como el oxigeno llegaba al fondo de mis calcetines y saltaba de dedo en dedo, en mis pies. La lavadora dio su último centrifugado y me levante del sillón con la sensación de que aquellas tareas cotidianas y pragmáticas eran lo único que me mantenía unida a la realidad aquella mañana. Fui a la cocina, saque la ropa mojada y la acomodé en la bolsa de plástico a rayas de colores que suelo utilizar para transportarla de la cocina a la terraza. El viento dificultó cuanto pudo la tarea. La humedad de la ropa congelaba la punta de mis dedos y las pinzas se caían al suelo constantemente. Mis manos parecían de trapo, un blandiblu infantil sin fuerza, sin músculo. Entré de nuevo a la casa y escuche el rugir de las corrientes. Pobres pájaros pensé. Pobres vencejos, que sería de ellos. El resto de especies se posa en los árboles y se resguarda de las tempestades. Pero ¿y los vencejos?, ¿y los aviones? .Ellos no descansan, no interrumpen su vuelo ni por el sueño. Parece mentira pero cuando uno se siente angustiado, lejos de buscar algo que reduzca la presión emocional sobre si mismo, siempre encuentra cualquier tontería que la acrecienta. Así que mi ansiedad se multiplicó esta vez pensando en las aves. Me metí en la ducha y me puse el mismo vestido que los dos días anteriores. Algo que en el fondo recaló en mí, me hizo sentirme sumida en el mismo atolladero que los días pasados. La misma ansiedad, la misma inmovilidad, la misma falta de creatividad y ahora el mismo envoltorio para todo aquello. Cogí el abrigo marrón de cuadros, hace tiempo ese abrigo me encantaba las rayas de colores que lo cruzan para formar los cuadros de colores me parecían un cuadro de Klee. Ahora me resultaba difícil no ver las bolitas que el tejido de lana había desarrollado. Cogí el abrigo y abroche los botones. Me arregle el cuello. Me dirigí a la cocina y fui anudando las bolsas de basura. La basura orgánica, el plástico, el papel y por último cogí la bolsa en la que había ido agrupando las piezas de cristal. Bajé las escaleras, absorta en pensamientos rápidos que atravesaban mi cuerpo y mi cabeza como si corrieran un rallye. Salí a la calle y el viento tomó mi pelo y lo hizo agitarse por encima de mi cabeza como si pretendiera modelarlo a su antojo. Caminé como pude hacia los contenedores. Primero me acerque al de la basura orgánica. Su tapa gris se abría y se cerraba sola como si fueran las fauces de un enorme monstruo que amenazaba con engullirme. Rápida lancé la bolsa a su interior, creyendo que el bocado calmaría su furia. Me dirigí a los pesados contenedores de plástico y papel. Las bolsas de plástico entraron con facilidad en los agujeros del contenedor de tapa amarilla, no fue igual de sencillo con el papel. El contenedor estaba lleno de cartones muy grandes que hacían difícil vaciar la bolsa en la que había ido recogiendo día tras día, los envoltorios de papel, los ticket de compra, las revistas pasadas, los periódicos fuera de tiempo, los guiones caducos. Me costó meterlos en el contenedor pero al fin lo hice. Di dos pasos para acercarme al contenedor de cristal, ese iglú verde que alberga botellas, botes…Al mirar al frente vi a un chico negro con el que cruce la mirada unos segundos, caminaba por la acera, Por alguna extraña razón varió su ruta y en vez de pasar frente a los contenedores de papel y plástico giró y siguió caminando. En ese instante ambos contenedores empujados por el viento se alzaron de la acera y cayeron de bruces contra el suelo. Yo a penas había sacado el primer tarro de cristal de la bolsa. El estruendo fue enorme. Busqué con la mirada al chico negro que hizo lo mismo conmigo. Nuestros ojos abiertos como platos parecieron comunicarse. Si no me hubiera mirado segundos antes tal vez hubiera caminado ensimismado en sus pensamientos y habría caído bajo las dos moles metálicas. Y si yo no hubiera cruzado la mirada con él habría terminado de vaciar la bolsa en el contenedor de cristal y me hubiera acercado para tirar la bolsa de plástico al contenedor de plástico y el pesado monstruo gris de pelo amarillo me habría chafado como si fuera una croqueta. Ahora puedo imaginarme allí abajo, saliéndose sólo mis pies. Imagino que el golpe habría sido tan fuerte que tal vez a los servicios de urgencia les habría resultado imposible separarme del contenedor, tan difícil como para un cartero separar un sello del sobre que le lleva. Incluso ante tan ardua tarea tal vez los míos, mi familia, se vieran en la tesitura de tener que enterrarme junto al contenedor. Y así mi existencia quedaría atada para siempre a un montón de desechos plásticos. Hasta pude oírme quejándome de mi mala suerte, no por haber sido planchada por un contenedor sino por haberlo sido por el de plástico y no por el de papel y estar en la eternidad, si esta existe, rodeada de frascos de poliuretano vacíos y sin nada que leer más que etiquetas comerciales con absurdas composiciones.


martes, 6 de abril de 2010

El pasado en un punto de jersey


Fotografía de Jeff Wall
Fotográfo canadiense nacido en 1946.

Convertida en un cangrejo que pasea por el folio dando unos cuantos pasos hacia delante y retrocediendo otros tantos para borrar sus huellas. Sustituyendo unas letras por otras. Lanzándome desde el precipicio que supone cada tecla del ordenador, sin ver a lo lejos una sola frase que me salve del abismo de la palabra hueca. Viajo como decía el escritor tomando el camino más misterioso, ese que siempre va hacia el interior. Repitiéndome ese poema de Idea Vilariño que dice “Fue un momento, un momento en el centro del mundo”.
Aún recuerdo aquel instante, un minuto de paz y diez de confusión. Aquel hombre escondido tras la barba, una selva de pelo desde la que observar sin ser visto. Sus ojos aferrados al periódico. Aún recuerdo la sensación que me produjo ver de cerca la textura de su rebeca, reconocer en ella un pasado lejano, atrapado por el punto de un jersey, tal y como quedara atrapado el tiempo de Proust en una magdalena.

jueves, 4 de marzo de 2010

Una despedida




Pintura de Egon Schiele "Dos muchachas yaciendo entrelazadas"

Un día despiertas y descubres que eres invisible, que siempre lo has sido. Y escuchas a Tiger Lou "You can't say no to me".


miércoles, 27 de enero de 2010

Los peces de Renard




En 1719, en Amsterdam, se editó por primera vez el libro “Poissons, Ecrevisses et crabes de diverses couleurs et figures extraordinaires qui l’ou trouvé autour des Isles Moluques et sur les Cotes des terres Australes”, el título traducido al castellano, sería algo así como “Peces, cangrejos de río y cangrejos de mar de diversos colores y formas extraordinarias que se encuentran en torno a las Islas Molucas y en las Costas de las tierras del sur…” su autor Louis Renard utilizó los dibujos originales que realizó Fallours Samuel (no todos los que aparecen en la obra son de dicho autor). El libro fue reeditado en 1754, es una obra muy rara de la que existen muy pocas copias.





Se ha especulado mucho sobre si estos animales existieron realmente. Theodore Pietsch, un experto en la materia, asegura que algunas de las criaturas sí son reales aunque otras no. Algunos de los animales fueron dibujados siguiendo las explicaciones de aquellos que los habían visto, saltándose así los criterios de rigor científico.





El libro contiene 460 grabados realizadas en 100 planchas de cobre. Renard tardó treinta años en dar por finalizado su trabajo. Contiene 415 peces, 41 crustáceos, 2 insectos palos, 1 dugongo y 1 sirena. Los grabados no van acompañados por ningún texto, excepto por curiosos comentarios al lado de cada animal. Se valoraba si eran o no comestibles y se añadía en caso de serlo una pequeña receta.

La leyenda que acompaña a la sirena es especialmente curiosa. Se dice que fue capturada en la Costa de Ambon. Medía 59 pulgadas de largo y narra como al levantarle las aletas descubrieron bajo ellas el rostro de una mujer. La sirena vivió durante 4 días y 7 horas en un tanque de agua y lloraba con un sonido similar al de un ratón. Se negó a comer a pesar de que se le ofrecieron peces…finalmente murió de inanición.

Louis Renard (1678 –1746) es un personaje en sí muy curioso. No era naturalista. Fue editor de libros durante unos 17 años pero también se dedicó a la venta de medicamentos, así como al espionaje. Fue espía de la Corona británica durante el reinado de la reina Ana, del rey George I y George II. A pesar de que se trataba de una actividad que en teoría debía ser un secreto, Renard curiosamente utilizó está actividad clandestina como reclamo para promocionar los libros que editaba. Se presentaba en ellos como “Louis Renard, agente de su majestad británica”.



Se pueden ver muchas más láminas en www.rarebookroom.org



miércoles, 20 de enero de 2010

Alicia sin país



Fotografía de Thurston Hopkins

Repensemos nuestra vida, llena de silencios, que lo mismo endulzan, que envenenan. Esa vida que pasea a inesperados saltos, en permanente trastorno, en sucesiva mudanza. Y no olvidemos que la vida se va pero tras ella queda su espejo. Y en ese espejo que la vida abandona, los recuerdos descubren su existencia.


viernes, 15 de enero de 2010

Un manojo de nervios



Fotografía de Sally Mann.

Se duchó deprisa, casi sin dejar que el agua humedeciese los poros de su piel y mientras lo hacía decidió que aquel día llevaría como música “glassworks”.

Frente al espejo, que sus amigos de la infancia le habían regalado el día de su boda, se vistió sin prestar demasiada atención a la máscara de algodón que le ocultaría el cuerpo, un vestido azul con pequeñas flores negras, que le otorgaba un aspecto desenfadado. Con cierta parsimonia seleccionó sus nervios, lo hizo de uno en uno, separando uno de otro, como quien elije las flores que quiere regalar, fijándose en la belleza de éstas, deleitándose en los colores y pensando en su significado. Y se acercó a su interior y uno a uno, fue cortando sus tallos. Con tres o cuatro tendría suficiente, pensó, una docena sería excesiva, desbordaría el ramo.

Después tomó algunas ramas de la esparraguera que con los años había brotado cerca de su estómago, con ella se ayudaría para dar volumen al conjunto. Distribuyó los nervios y la esparraguera de manera alternativa, procurando que los nervios no perdieran su protagonismo. Con goma elástica aseguró la parte inferior del ramo. Finalmente tomó unas cuantas cebollas e hizo papel con sus sensibles hojas, rodeó los nervios y fijó el ramo con un lazo transparente. Horas más tarde se lo entregó a su compañera que sentada frente a ella, delante de un café, no supo como encajar aquello.

martes, 12 de enero de 2010

El último


Fotograma de "The last Tycoon" Elia Kazan.


- Siéntese, señor Barksley
- No puedo continuar. Es una pérdida de tiempo.
- ¿Por qué?
- Me ha juntado usted con dos gacetilleros. No saben escribir y estropean todo lo que yo escribo.
- ¿Por qué no dialoga usted mismo sus ideas?
- Ya le mande algunas cosas.
- Eso no son diálogos son parrafadas.
- ¿parrafadas?
- Sí.
- Yo creo que ustedes no leen nada. Imagínese que dos hombres se están batiendo en duelo, en lo que es una escena dramática. Al final uno de ellos cae a un pozo. ¿Y sabe como es izado? ¡En un cubo!
- ¿Escribiría usted eso en un libro suyo?
- Por supuesto que no. Yo he heredado esa absurda situación.
- Permítame una pregunta ¿va usted al cine?
- Raramente.
- En él la gente siempre está peleando y cayéndose a los pozos.
- Sí, y diciendo estupideces.
- Escuche, ¿su oficina tiene una estufa de esas que se encienden con una cerilla?
- Pienso que sí.
- Supongamos que está en su oficina, después de un largo día de trabajo, ha discutido con todo el mundo. Está agotado. Este es usted. Entra una muchacha. Ella no le ve. Se quita los guantes. Abre su bolso y lo vacía sobre la mesa. Usted la observa. Este es usted. Tiene dos monedas de 10 centavos, una caja de cerillas y una moneda de 5 centavos. Deja la moneda de 5 centavos sobre la mesa. Pone las dos monedas de diez céntimos en el bolso. Coge los guantes…son negros. Los pone en la estufa y prende una cerilla. De repente suena el teléfono…la muchacha descuelga el auricular…escucha y dice: “Yo no he tenido un par de guantes negros en mi vida”. Vuelve junto a la estufa, prende otra cerilla. Entonces usted se da cuenta de que hay otro hombre dentro de la habitación, vigilando los movimientos de la chica…
- ¿Y qué pasa?
- No lo sé, yo sólo estaba haciendo una película.
- ¿Para que eran los cinco centavos?
- Janet, ¿Para qué eran los cinco centavos?
- Los cinco centavos eran para el cine.
- No entiendo en absoluto…
- Yo creo que sí. Si no, no hubiera preguntado por la moneda.

Secuencia de “El último magnate” (EEUU 1976), última película de Elia Kazan. Guión de Harold Pinter. Basada en la última e inacabada novela homónima de Scott Fitzgerald.
Diálogo entre Robert de Niro ("Monroe Stahr") y Donald Pleasence (Sr Barksley)

El eterno retorno

“Todo lo que hace el poder del mundo lo hace en círculo. El cielo es redondo y he oído que la tierra es redonda como una pelota y también son así las estrellas y el viento, que cuando está encima de su poder se arremolina. Los pájaros hacen sus nidos en círculo, el sol sale y se pone nuevamente en un círculo. La luna hace lo propio y ambos son redondos. Incluso las estaciones forman un gran círculo con sus cambios y siempre retornan al punto donde estuvieron. La vida del hombre es un círculo de la infancia a la infancia y así sucede con todo aquello en lo que se mueve el poder.”

(Anciano Dakota Reno Negro citado por Neihardt)





Fotografía “Spring in the park” de Bill Brandt

Y decidieron que un extranjero, aguerrido constructor de ficciones se hiciera cargo de nosotros y nos mostrara el camino.
Y pasaron los días y las semanas y nuestro amigo literato nos contó pequeñas historias inconsistentes, que más que cartografiarnos una ruta, nos desdibujaba el destino.
Las palabras aparecían suspendidas en el folio y se entrecruzaban sin formar frases coherentes. Los conflictos se cerraban antes de abrirse. Y los personajes aparecían con las manos atadas, sin rumbo claro a la vista.
Pero a pesar de todo, la fama de nuestro aventurero guía había cruzado mares y océanos y sus grandes logros se homenajeaban en tierras lejanas.

- ¡Por fin tenemos sólidos mapas! - decían unos.
- ¡La brújula marca con precisión las coordenadas! – apostillaban otros.


Y aseguraban las voces que las lágrimas resbalaban en sus rostros al deslizarse por aquellas letras. Eran incapaces de ver que la nada venía disfrazada. Y que como tantas otras veces las secuencias se repetirían.
Sólo algunos fuimos conscientes del naufragio que nos esperaba, pero nada podíamos hacer por evitarlo.

lunes, 4 de enero de 2010

La jaula




Ilustración de Rebecca Dautremer


"No puedo escribir mientras estoy ansiosa o espero soluciones, porque en esos momentos hago cualquier cosa para que las horas pasen, y escribir es prolongar el tiempo, es dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible."

De Clarice Lispector, Para no olvidar. Crónicas y otros textos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Olvido o silencio




Fotografía de Isabel Tallos

Olvido y silencio forman parte de la vida. Algunos episodios, los del dolor y la desdicha, se ocultan de manera deliberada. Otros, simplemente, los difumina poco a poco la indiferencia o los nuevos recuerdos. Nosotros olvidamos mientras otros nos olvidan.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sueños perdidos



Fotografía de Bryan Schutmaart

Hicimos un agujero en la sabana para que los sueños pudieran vernos mientras dormíamos.

Otro día

Fotografía de Marie Hochhaus

http://www.flickr.com/photos/mariehochhaus


"Me miraste con asombro. Yo te miré con todas mis fuerzas: “Reconóceme, ¡reconóceme de una vez!”, gritaba mi mirada, pero tus ojos me sonrieron cordiales e inconscientes. Me volviste a besar, pero no me reconociste. Me apresuré en llegar a la puerta porque sentía que acudían las lágrimas a mis ojos y no hacía falta que lo vieses. De tan impetuosamente como salí, en el recibidor por poco me choqué con Johann, tu sirviente. Con inmediata consideración y con su timidez característica, se echó hacia atrás, me abrió la puerta de un golpe para dejarme salir y entonces –en aquel segundo, ¿me oyes?- en el único segundo en que miré a aquel hombre envejecido, cuando le miré con los ojos llenos de lágrimas, de repente, se le iluminaron las pupilas. Sólo en un segundo, ¿me oyes?, en un segundo aquel viejo me reconoció, él, que no me había visto más desde que era una jovencita. Hubiese podido arrodillarme ante él por haberme reconocido y besarle las manos, pero sólo saqué los billetes de banco que me habías adjudicado y se los di."


Carta de una desconocida. Stefan Zweig


viernes, 2 de octubre de 2009

Especuladores del cielo

Chris Marker cineasta, fotógrafo y escritor francés dijo en una de las cartas filmadas que le escribió a Medvedkin, después de la muerte de éste: " ¿Recuerdas que lloraste al ver cómo dos imágenes juntas podían tener sentido? Hoy la televisión inunda todo el mundo con imágenes sin sentido y ya nadie llora."

"Muy señores míos. Hace unos días el que hasta entonces era mi pareja, me entregó un folio impreso que dijo ser mi regalo de cumpleaños. En él, se me comunicaba, que una estrella había sido bautizada con mi nombre. Una enorme esfera de gas incandescente situada a billones de kilómetros de mí, se llamaba desde ese día como yo. Se me informaba que los nombres de todos los propietarios de estrellas eran registrados una única vez, lo cuál significaba que mi estrella era exclusivamente mía. Pueden imaginarse cuál fue mi dicha. Mi nombre figuraría en la bóveda de inscripciones y se anotaría en un libro archivado en las oficinas de la propiedad intelectual de los EEUU. Aquel folio iba acompañado de un mapa celeste que me ayudaría a encontrar las coordenadas astronómicas de mi propiedad y que además, gracias a un trazado científicamente exacto, me proporcionaría una perspectiva única del entorno de mi astro y me enseñaría a navegar por el cielo con mi telescopio. Hasta ahí todo iba bien pero esta mañana he descubierto que mi ex novio no compró una única estrella sino que compró lo que ustedes denominan “Kit estelar par de estrellas”. Lo que significa que él bautizó esa segunda estrella con su nombre, y que su propiedad va a estar junto a la mía para el resto de mi vida. Entenderán lo que supone para mí, mirar el cielo cada noche y darme de bruces con su estrella. No me gusta la idea de compartir mi pedazo de universo con él, el resto de mis días. Desearía que me informaran de que es exactamente lo que debo hacer para cambiar o devolver mi propiedad. Atentamente, Katharine.”

“Estimada Katharine, entendemos las razones que le llevan a sentirse así. ¿Quién no ha roto en alguna ocasión una relación sentimental y ha deseado borrar totalmente todas las huellas que ese amor, ahora transformado en desamor, han dejado? Debemos informarle que existe una cláusula en el contrato de compra venta de su kit que imposibilita la devolución de su estrella. Tampoco podría usted revenderla si lo deseara. Hace años existía esa opción, siempre y cuando usted se hiciera socia de nuestra empresa, pero estudios científicos nos han llevado a comprobar que desde el momento en el que una estrella es bautizada con el nombre de alguien, se establece entre ambos un vínculo íntimo imposible de romper. Dicho estudio hizo que nuestra empresa se viera obligada a eliminar la posibilidad de reventa. Lo que he de comunicarle es doloroso para todos, sabedores de su situación emocional actual, debemos decirle que usted ya no posee una estrella sino un agujero negro. Sus emociones han marcado de tal modo su propiedad, que el brillo estelar se ha apagado. Su estrella se ha enfriado y colapsado y es ahora un fenómeno muy especial. Procedo ha explicarle lo acontecido. El interior de la estrella ha sido aplastado y comprimido por el enorme peso del gas que la compone. La fuerza de la gravedad aumentó cuando usted y su pareja rompieron su relación, con lo cuál el núcleo o corazón de su astro se desvaneció. Nos vemos obligados a hacerle saber que tendremos que aislar su propiedad para proteger la del resto de nuestros clientes, levantaremos para ello enormes y consistentes muros que la aislaran. Debe saber que cualquier cosa que pase cerca de un agujero negro, incluso un rayo de luz es atraído, por aquél para no dejarlo escapar jamás. Un agujero negro es invisible y engulle todo aquello que encuentra a su paso. Lamentamos tener que comunicarle que ya es tarde para echarse atrás. Atentamente, Stelar Company.”

Katharina recibió la carta y la leyó con detenimiento. Quiso contestarla, amenazarles con una demanda pero un vacío oscuro comenzó a crecerle por dentro y se lo imposibilitó. Comenzó a llover tanto que su rostro se reflejo en la cortina de lluvia como en un espejo. Supo que había llegado el tiempo de imaginar. El tiempo de reinventar, de enseñarle a su agujero negro a brillar como una estrella, eso sí manteniendo su actual forma de hueco oscuro e invisible. Se permitió un tiempo para el recuerdo, trajo a su voz esa canción de Fito Paez que dice “Algo se detuvo en punto muerto. Y fue tan grande ese silencio, fue tan grande el desamor. Cuando los jazmines no perfuman. Cuando sólo vemos bruma. Cuando el cuento terminó. Todo nos parece intranscendente. No es cuestión de edad o suerte sino de amor.” Y mientras tarareaba, sacó de un cajón sus pinceles, tenía que darse prisa. Dibujó un nuevo sol y una nueva luna. Formó un sistema de planetas, lunas, cometas y estrellas. Todas ellas por descubrir. Hinchó un globo y metió su vía láctea y también a su corazón que marcaría desde entonces el ritmo del vuelo. Metió cartas de amor, cartas con chistes, ensayos filosóficos, sobre arte, deducciones matemáticas. Transcribió relatos y libros, cuentos infantiles.Susurro canciones y metió besos. Hizo un nudo y se permitió un tiempo para admirar su obra. Ató un cordel al globo y esperó a que anocheciera. Miró al cielo y comprobó que aún no habían construido esos muros que castigarían al silencio y al aislamiento a su agujero negro. Soltó la esfera de plástico y vio como se aproximaba a ese ser invisible que de algún modo, también era ella. Después apagó la luz y se durmió. Había llegado su tiempo de soñar.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La Srta. Bosque y el Sr. Camino

“No seas el inferior de cualquier hombre, ni de ninguno el superior. Recuerda que todo hombre es una variación de ti mismo. Ninguna culpa humana es ajena a ti, y tampoco es una cosa aparte la inocencia de ningún hombre…”

UN MOMENTO DE TU VIDA . W. Saroyan

“Otra y cambiante
Porque la palabra me celebra en su júbilo inestable
¿O qué no cambia? ¿Permanece inmóvil?
¿Qué se yo de la palabra sino que se divierte en recorrerme serenamente, en hacerme irreconocible, inasible?”


La salvaja.
Carmen Boullosa 1989 (Poeta mexicana)




Ilustración de Violeta Lopiz


SRTA. BOSQUE - Sólo quien cavó la tierra para plantar un sueño, sabe lo que significa confiar en la esperanza de que el mundo de uno, crezca hacia afuera y no hacia adentro - dice la Srta Bosque, mirando desafiantemente a su compañero de reparto, el Sr. Camino.


SR. CAMINO - Pues los éxitos como los fracasos duermen silenciosos, a la espera de que alguien les libere de sus limbos, le contesta indignado el Sr Camino a la Srta Bosque, porque ésta menosprecia su actuación.

Desde bambalinas, el telón del teatro observa en silencio la batalla dialéctica, él que compartió el espacio vacío con Brooks, que vivió de cerca a Thomas Lanier Williams y aprendió de Harold Pintter.


TELÓN DEL TEATRO - Necios, piensa, os empeñáis en creer que existe un camino hacia arriba y otro hacia abajo y ya lo dijo Heráclito, son uno y el mismo. Aprender a leer el mundo y os alimentaréis de él, como las hojas que respiran el viento, sin pararse a pensar en la dirección en la que sopla, si hacia arriba o hacia abajo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Las confidencias de mi salón.





Ilustración de Citlalinushka Mirnanovka
http://citlalindedibujo.blogspot.com

Nadie pregunta nunca nada a los muebles, esos testigos que silenciosos presencian los grandes secretos y claves de nuestras vidas. Hay algo de cotidiano en esos objetos, algo que termina por hacerlos invisibles y sin embargo, presencian tantos acontecimientos importantes. Aprender a escuchar a esos espías mimetizados con nuestras casas fue todo un descubrimiento. Al principio, fue mi secreto, pensé que era un don que poseía y me diferenciaba. No tardé en saber que eran muchos los que como yo podían hacerlo. Viví con relojes de pared que jugaban a parar sus manecillas cuando los mirabas, como si pretendieran jugar con uno a los pies quietos. Con mesas que jugaban al tres en raya o sillas que corrían por llegar a la meta en una pista de atletismo. Charlé con butacas aficionadas al ajedrez que me descubrieron lejanas tierras y fabulosas aventuras. Saber de la vida de los muebles hizo que tomara la costumbre de sacar las sillas a la playa para que vieran el mar y tostaran sus maderas al sol. Llevé a las mesas a hacer deporte, a visitar museos, a hacer graffiti en calles escondidas. Les conté de mis amores, mis miedos y mis enfados. Y compartimos sus secretos y mis silencios. Ahora al entrar en casa es fácil no sentirse solo. Basta con apoyar sobre los muebles el oído y esperar, como el que se acerca una caracola en la playa para escuchar el mar.

lunes, 24 de agosto de 2009

Ida

Ilustración de Citlalinushka Mirnanovka

A Ida siempre le interesó el tiempo. Desde muy niña dedico sus horas de juego a observar la cambiante longitud de las sombras de los objetos, largas en los atardeceres y mucho más cortas hacia la hora de comer. Le habían enseñado que la vida necesitaba del tiempo para llevarse acabo y que sin él, la historia no existía. Sus antepasados habían inventado curiosos mecanismos para medirlo, para atraparlo. Habían jugado a adelantarlo si se retrasaba y a acelerarlo si las circunstancias lo exigían, manipulando clepsidras, relojes de sol, de arena, de viento...
Pero a Ida no le interesaban los extraños mecanismos de la precisión. A Ida le obsesionaba ganar tiempo. No le interesaba el dinero, ni las propiedades, tampoco el prestigio, ni el reconocimiento. Así como el que pasa sus horas en un casino apostando monedas con el fin de hacerse rico, Ida apostaba su tiempo y curiosamente ganaba el de los demás. Trabajaba para los otros a cambio de horas, minutos, segundos. Su salario oscilaba dependiendo del día de la semana, los lunes eran los días más caros. Una hora de su trabajo era pagada con un par de horas del que la contrataba. Ellos acortaban sus vidas pero conseguían sus objetivos, inmensas casas junto a la playa, grandes coches inaparcables, trajes de piedras preciosas que dañaban sus espaldas por el peso.
Es cierto que a la madre de Ida le hubiera gustado que su hija siguiendo la tradición familiar hubiera buscado la exactitud, que hubiera dirigido sus sueños hacia manecillas y diminutas tuercas. Tal vez, de haberlo hecho hubiera conseguido crear el reloj atómico, el NIST-FI, con un margen de error de sólo un segundo cada 30 millones de años pero nunca le dijo nada. Acepto que a Ida le interesaba mucho más la eternidad.
Y fue así que en un mundo rápido y vacío consiguió hacerse millonaria en tiempo. Noventa y siete millones de minutos para su jubilación. Esa fue su recompensa. A veces cuando la luna está llena y la noche es clara puedes verla volando con su pijama de rayas, paseando su eternidad entre las estrellas. En esas noches folios cargados de leyendas y cuentos caen sobre la tierra para detenerla.


Para Citla que con sus pinceles me inspiro

martes, 7 de julio de 2009

Tras las huellas de la ballena


" Probablemente habréis visto muchas embarcaciones extrañas, lugres de pies cuadrados, montañosos juncos japoneses, galeotas como latas de manteca, y cualquier cosa; pero os aseguro que nunca habréis visto una extraña vieja embarcación como esta misma extraña y vieja Pequod. Era un barco de antigua escuela, más bien pequeño si acaso, todo él con un anticuado aire de patas de garra. Curtido y atezado por el clima, entre los ciclones y las calmas de los cuatro océanos, la tez del viejo casco se había oscurecido como la de un granadero francés que ha combatido tanto en Egipto como en Siberia. Su venerable proa tenía aspecto barbudo. Sus palos -cortados en algún punto de la costa del Japón, donde los palos originarios habían salido por la borda en una galerna-, sus palos se erguían rígidamente como los espinazos de los tres antiguos reyes en Colonia. Sus antiguas cubiertas estaban desgastadas y arrugadas como la losa, venerada por los peregrinos, de la catedral de Canterbury donde se desangró Becket. (...)
Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano. (...)
Las aguas que le rodeaban se iban hinchando en amplios círculos; luego se levantaron raudas, como si se deslizaran de una montaña de hielo sumergida que emergiera rápidamente a la superficie. Se intuía un rumor sordo, un zumbido subterráneo...Todos contuvieron el aliento al surgir oblicuamente de las aguas una mole enorme, que llevaba encima cabos enmarañados, arpones y lanzas. Se elevó un instante en la atmósfera irisada, como envuelta en una grasa de finísima textura, y volvió a sumergirse en el océano. Las aguas, lanzadas a treinta pies de altura, fulgieron como enjambres de surtidores, para caer luego en una vorágine que circuía el cuerpo marmóreo de la ballena. "

Melville. Moby Dick

Las primeras secuencias de la película"Moby Dick" de John Huston, se rodaron en Canizal, Madeira. El guión fue escrito por Ray Bradbury.


Fotografía de Vitor Reinecke
Según el mito Madeira fue creada por Neptuno con un poco de lava y un remolino de sal. Aunque a mí me gusta más la idea, que no sé si es muy científica, de que es un fragmento no sumergido del legendario continente de Lemuria. Éste continente fue bautizado en el s.XIX, por Philip Sclater, para explicar el hecho de que hubieran Lémures en la India y en el sur de África. El continente fue engullido por el océano y dicen que fue anterior a la Atlantida.