miércoles, 26 de febrero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
No llores hoy lo que no llorarás mañana
Aleksandra Waliszewska
En que pronto y tarde serán lo mismo
y ya no habrán dudas
Y podrás contar un, dos, tres sin llorar hacia adentro
Por eso y sólo por eso
no llores hoy lo que no llorarás mañana
miércoles, 13 de febrero de 2013
viernes, 1 de junio de 2012
Como

Ilustración Lidia Lys Selimalhigazi
Como el humo que se escapa entre los dedos
mientras
el cigarrillo se consume.
Como un empujón que nos lanza al vacío para retarnos.
Como un pájaro con la jaula abierta.
Como el miedo sin barrotes.
Como un torbellino que no se quiere sentir.
Como una discusión
inesperada.
Como esa pregunta que lo pone todo en duda.
Como un camino que se corta.
Como un callejón en forma de T.
Como el sexo sin sexo.
Como las nubes arrastradas por un cielo inexistente.
Como la velocidad de las no cosas.
Como los ronquidos en mitad de la noche interrumpidos
por episodios de apnea.
Como el terror a una muerte de plástico.
Como el temblor de una contraseña olvidada.
Como uñas afiladas que escriben en la piel
palabras imborrables.
Como una canción triste
escuchada en los cascos de un ipod
que agota
el último aliento de batería.
Como el sudor de un abrazo en verano,
resbaladizo y nervioso.
Como los te quiero no pronunciados
a media voz
mientras uno duerme.

Ilustración Lidia Lys Selimalhigazi
justificado a la derecha
se confunde con
el cardiograma de los latidos
de un corazón
que
se
apaga.

Ilustración Lidia Lys Selimalhigazi
Lysdesign.blogspot.com.es
lunes, 26 de marzo de 2012
Yo me enamoré del aire

"Persiguiendo la sombra, el tiempo envejece deprisa"
Fragmento presocrático atribuido a CRITIAS.
"Él se dejó resbalar hasta el suelo con la espalda apoyada contra el muro y miró hacia lo alto. El azul del cielo era un color que pintaba un espacio abierto de para en par. Abrió la boca, para respirar aquel azul, para engullirlo, y después lo abrazó, estrechándolo contra su pecho. Decía: Aire que lleva el aire, aire que el aire lleva, como tiene tanto rumbo no he podido hablar con ella, como lleva polisón el aire la bambolea. "
Fragmento del relato "Yo me enamoré del aire" incluido en el libro "El tiempo envejece deprisa" de Antonio Tabucchi.
Suena Ludovico Einaudi "In un 'altra vita"
Un adiós a un escritor que se va.
miércoles, 21 de marzo de 2012
El conocimiento de las cosas
Tiempo blanco

Fotografía de Robert y Shana ParkeHarrison
Me gusta está casa - se dice - mientras yace inerte boca abajo con las manos apresadas por el peso de su cuerpo. El suelo está frío y ella permanece quieta cogida a si pubis como si eso la salvará de seguir rodando, como si el mundo entero se detuviera ante su inmovilidad. Se siente leve como si no fuera más que el sueño de su sombra. El sueño de una figura incierta y desconocida, sin horizonte de conciencia.
¿Quién puede asegurarle que existe? ¿Quién puede negarle que no es más que el pasatiempo de un ser que en un momento creativo la inventó y ahora juega con ella?
Meditar sobre cosas enrevesadas, quedar embobada mirando un mosaico de cerámica que parece crear el orden de un nuevo mundo, no es la solución.
Ponte en pie – se dice- da un paso y luego otro pero esta vez no sigas la fila de hormigas. Las hormigas son insectos sociales como las abejas y las avispas, evolucionaron dentro del linaje de éstas.
Recuerda aquella vez que decidiste darle la vuelta al reloj que había colgado de la pared, aquel que exhalaba tiempo blanco. Aquellas horas que olían a almizcle. Ponte bocabajo como el tiempo y observa como las agujas caminan de izquierda a derecha solo así descubrirás nuevamente que ese no es el camino.
Cierta apatía, como la de Oblomov, se presenta ante ti. Y al igual que el personaje ruso, decides encogerte de hombros y no hacer nada.
viernes, 9 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
Congo, el chimpancé
"El mono de los bosques, convertido sucesivamente en mono a ras de tierra, en mono cazador y en mono sedentario, se ha transformado en mono cultural."
Desmond Morris es un zoólogo y etólogo inglés. En 1957 comisario una exhibición de pinturas y dibujos realizados por chimpancés en el Instituto de Artes Contemporáneas de Londres. En ella incluyó las realizadas por un chimpancé llamado Congo. Pablo Picasso compró una de sus obras y defendió publicamente a Morris de aquellos que decían que el trabajo realizado por los monos no era arte.
miércoles, 22 de febrero de 2012
El extraño caso del tejado robado I
Parece que no hay nada fuera de lo corriente. El sol sale como cada mañana y atenúa el frío de la noche. La sombra del pequeño tren de juguete se refleja en el techo de la habitación mientras un oleaje de cabellos se enreda en el último resquicio del viaje que lleva al durmiente del sueño al despertar. Las agujas del reloj enloquecieron entre las dos y las tres de la mañana, pero nadie pareció darse cuenta. Un ruido blanco y opaco se escondió dentro del cajón de la mesita de noche y se tapó con la ropa interior mientras la lamparilla daba unos cuantos destellos que terminaron por fundir la bombilla.
El Sr Birdsong despierta a su cotidianeidad. Aún no lo sabe pero el tejado de la casa de enfrente ha sido robado. Cuatro hombres, con sus rostros cubiertos por máscaras de elefante, tiraron de él esta madrugada y lo arrastraron cuidadosamente. Las tejas aferradas unas a otras se deslizaron como una sábana y dejaron tras de si una estructura que simulaba un arpa de madera.
Muy pronto, el metódico y estirado Sr Birdsong, lo descubrirá pero antes de que lo haga se entretendrá observando un extraño fenómeno que le dejará atónito. En el suelo del salón, hay una larga fila de huellas polvorientas que le alertan de que alguien ha estado allí. Su libro de lectura ha sido cambiado de lugar. Y junto a la televisión hay una taza de loza blanca en la que un carmín rojo ha dibujado unos labios de mujer.
El Sr Birdsong permanece tranquilo, se acerca al armario y, poco a poco, saca los zapatos de sus cajas. Un par de babuchas idénticas a las que lleva, unos zapatos de charol pasados de moda, unas deportivas y unas chanclas de verano.
A parta las cajas que contienen los de su difunta esposa pero al hacerlo un par de ellos resbalan y caen junto a los que ya ha alineado en el suelo. Coge el zapato de tacón y se distrae haciéndolo bailar con uno de sus zapatos de charol. Recuerda aquellos días felices en que su mujer aún estaba en casa. Suena un vals, “Cuentos de los bosques de Viena” de Johann Strauss hijo. Suenan las gaitas y las flautas, e imitan la voz de los pájaros y un arpa simula ser un avestruz. De pronto cae en la cuenta, la suela de su zapato de charol coincide con las pisadas en el suelo, son suyas no cabe la menor duda aunque no las recuerde. Sabe con certeza que hace años que no usa ese par de zapatos. Entonces se acerca a la taza y la toma. La acerca y la aleja de sus ojos. La huele y más tarde pone sus labios sobre el rojo beso. Por un momento, no se ha sentido solo. Él al que cualquiera definiría como un hombre huraño, encerrado en si mismo, raro e incluso antipático, se echa a reír y lo hace como en las películas mudas, sin sonido alguno. Abriendo y cerrando la boca exageradamente.
Suena el aldabón de la puerta que le interrumpe. Tras de ella hay un hombre con un traje de chaqueta claro y un sombrero hongo. Birdsong duda si abrir o no. Él nunca recibe visitas y cree que el que llama debe haberse equivocado o tan sólo viene a importunarle con tontas preguntas que no querrá responder.
El hombre tras la puerta insiste, ha escuchado el sonido de la cafetera que pita avisando de que ha terminado con su trabajo, el café le advierte, hay alguien en la casa.
Birdsong se queda inmóvil y es entonces cuando tras el cristal de la ventana, sucio por la lluvia de hace días, descubre que el tejado de enfrente ha desaparecido.
htpp://claudialegnazzi.blogspot.com
jueves, 16 de febrero de 2012
La creación

Ilustración de Nicoletta Ceccoli
Se descarga la mochila y la deja resbalar por la espalda. El avión de papel ha tardado menos de lo previsto en llegar. Sus hélices no se han detenido, y en cuanto ella ha puesto los pies en tierra el aeroplano ha vuelto a despegar. La pista está cubierta de polvos de talco, cualquiera juraría que es un folio.
Antes de comenzar el viaje ha recibido un mensaje cifrado y secreto. Las instrucciones son: paciencia. Debe esperar.
Al principio no le resulta difícil. Cuenta las puntas de sus dedos, primero las de las manos, más tarde las de los pies. Vuelve a contar las de las manos. Se descuenta. Comienza entonces con los de los pies. Y así durante un buen rato. Pero pronto se aburre. Entonces coge la punta de su bufanda y hace círculos. Uno de los flecos cae y dibuja en el suelo una pequeña línea roja. Se levanta y se pone a jugar con ella. La salta a la derecha y luego a la izquierda. Después la toma por las puntas, la derecha en la mano derecha y la izquierda en la izquierda y salta a la comba. La agitación dibuja inmensas olas en los polvos de talco. Ella no se detiene, acaba de dibujarse un océano. Un pez blanco aparece, da una pirueta y vuelve a sumergirse.
Baja del columpio y con la cuerda roja construye unos prismáticos. Los coloca en sus ojos y espera ver un pez más. Pero por mucho que espera no lo ve.
Se le ocurre algo. Se acerca a una de las esquinas de la pista y la levanta. Saca unas tijeras del bolsillo y arma un columpio. Ata la cuerda roja en él. Se sienta y se balancea. El tiempo sigue pasando y allí no aparece nadie. Inquieta camina en línea recta hasta el otro lado de la pista. Levanta la esquina que encuentra y como si fuera una manzana le da un gran bocado. Aparece entonces una cadena montañosa. A saltos la recorre de una cima a otra. Pero le parece demasiado sencillo. Conquistadas todas las cumbres pierde el interés. Decide marcharse al centro de la pista. Ata la cuerda en la mitad y estira con todas sus fuerzas. Así crea una montaña muy alta. !Necesitará bastante tiempo para subirla! Piensa que para cuando descienda ya habrán pasado a por ella. Pero cuando lo hace, se da cuenta de que allí abajo no hay nadie. Bueno, aún le quedan un par de esquinas. Se acerca a la tercera y encuentra una sorpresa, descubre que empieza a estar enfadada. Le aburre esperar. Esculpe un árbol y trepa a sus ramas. En cada una de ellas encuentra un reproche. Esto empieza a no gustarle.
Ve la única esquina virgen que le queda y con el ceño fruncido la mira pensativa. De un salto va hacia ella. Recorta un rombo. Regresa al árbol y corta cuatro ramas. Las envuelve con el rombo y ata como cola la cuerda roja. La cometa se mantiene inmóvil. Cada vez está más nerviosa y eso agita su respiración, ésta se transforma en viento y éste vuela la cometa con ella cogida a la cola. Comienza a elevarse sobre la pista. Y sube muy alto. Mira hacia abajo y se da cuenta de que el vacío de la pista ya no parece tan vacío. Ahora hay un océano, un columpio, una cadena montañosa, una gran montaña y un árbol. Fija más la vista y ve a una mujer vestida de blanco que se acerca a su mochila. Debe ser la persona a la que espera. Grita para llamar su atención. Pero las nubes amortiguan el sonido y lo hacen inaudible. La mujer de blanco mira a su alrededor y comienza a esperar. Mira las puntas de los dedos de su mano y comienza a contar. Una, dos, tres…pero se cansa.
domingo, 12 de febrero de 2012
sábado, 28 de enero de 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
Al revés
martes, 15 de noviembre de 2011
¿No te gusta ser lo que eres?

Ilustración de Wolf Erlbruch
El búho no quería ser un búho.
Y el globo prefería ser una ballena.
El ciervo que hacia tiempo que no trabajaba, buscó un empleo en un bar pero no le gustaba. Allí nadie le tomaba en serio. En vez de pedirle una taza de chocolate caliente, los clientes colgaban en sus astas sus cabezas que iban pegadas a sus sombreros. Y al ciervo no les gustaba escuchar sus chismes.
La gente se transformaba en clientes en cuanto entraban al bar y tampoco les gustaba ser clientes porque cuando lo hacían se separaban de sus cabezas y no podían pensar.
Las manos en aquellas circunstancias se sentían inútiles. Sí, podían acariciar, coger cosas…pero lo tenían que hacer a palpas porque no veían nada.
A los zapatos tampoco les gustaba ser zapatos, porque a quién le gusta pasarse todo el día compitiendo para saber quién llegará primero y descubrir que siempre empatas.
Y un día se cansaron y cambiaron las cosas.El búho se puso a escribir libros y se convirtió en un escritor afamado.
El globo aprendió a nadar y se fue en busca de las ballenas.
El ciervo dejó el trabajo y se hizo psicoanalista. Había aprendido mucho de las cabezas. Y para sacarse un extra diseñaba sombreros.
Los clientes acabaron con el capitalismo y volvieron al intercambio. Yo te doy y tú me das.
Las manos de tanto dar golpes para encontrar cosas aprendieron música y se dedicaron a dar conciertos.
Y los zapatos chocaron sus cordones y pactaron caminar juntos.
No es muy cómodo ir siempre saltando pero fue su decisión.
Suena Josh Ritter "Girl in the war"
Qué más da...que más da
"Carried silence" de Valentín FischerSon las seis de la madrugada y algo inquietante me despierta. No sabría explicarlo. Salgo de la cama. Anoche antes de quedarme dormida me quité los calcetines de lana y mis pies están helados. Doy unos cuantos pasos fríos y comienzo a buscar. No estoy nerviosa pero necesito encontrar algo que me devuelva al sueño. Un susurro llega a mis oídos. Ellos cantan para las malas lenguas.
“La radio ha dicho al fin que sucederá, que todo exceso vuelve como un boomerang.
Somos portada con un tremendo titular. Montan debates tensos en cualquier canal,
nos dan seis noches, siete, vamos, ¿quién da más, tú?, incluso han puesto la fecha de caducidad. Y aun así ... pienso quedarme hasta el fin, hasta que digas "no da para más".”
Recorro la casa entera. Está vacía. Como si sus habitantes hubieran sentido el miedo y hubieran escondido todo aquello que puede llevar hasta ellos. Han borrado las pistas de su existencia. Miro arriba y descubro la luna que, también presa del pánico, ha borrado sus cráteres y aparece como una enorme canica lisa y transparente. En ella no parece haber nada extraño y sin embargo, sé que se intenta mostrar con naturalidad. Aplica las normas de la lógica. Si esta noche no hubiera aparecido habría creado sospechas.
Regreso a la cama con la idea firme de que mi intuición ha vuelto a despertar pero esta vez resulta difícil creer en ella. La pereza y cierto sentimiento de apatía me alejan y me hacen cubrirme con el edredón.
Paso dos o tres horas en un duermevela lleno de imágenes confusas e imposibles de conectar entre si. Pasado ese tiempo vuelvo al suelo. Hace frío y la luz es espantosamente gris. ¿Cómo podría relatar un paisaje colorido en estas circunstancias?
Sí, me digo, tal vez tan sólo eres una fotógrafo más de la melancolía. Un leve susurro trae de nuevo la canción:
“Algunos dicen que ya han visto la señal, bolas de fuego extrañas, supernova fugaz, como las fiebres que con el viento amainarán. Las malas lenguas tiran de otras muchas más y presuponen siempre, es un juego fatal, aunque su infamia esconda parte de verdad.”
Tomo mi café y muerdo la tostada. Pienso, que cruel muerte la de ser devorada y después digerida. Pongo mi cuerpo bajo la ducha y me visto con cuidado. Pensando y repensando cada prenda.
"Trinite" de Valentin Fischer
Desde la escalera escucho alejarse un silbido al que mi cabeza pone letra:
“Y aun así ...pienso quedarme hasta el fin, hasta que digas "no da para más". Pueden confundirnos y al final ganar, y te advertiré, nos influirán. Si el trayecto sigue y esta nave va, ¿qué más da, qué más da, qué más da?, ¿qué más da, qué más da, qué más da?”
Sonrío intentando borrar cualquier pensamiento comprometido. Pero mi leve sonrisa no tarda en quedarse helada. Es entonces cuando empiezo a tararear esa canción de Josh Ritter que lleva por título "Girl in the war".
Las cursivas forman parte de la letra “Las malas lenguas” del grupo Love Of Lesbian
http://www.valentinfischer.com
jueves, 10 de noviembre de 2011
Ojos como nubes
Fotografía de Fernando BritoElla se quita el pijama y cuidadosamente lo dobla y lo deja sobre la cama. Las sábanas son blancas. Los sueños de la noche pasada las han arrugado, dejando en ellas algunas huellas. Se acerca al armario, una pared cubierta de espejos que le devuelven su imagen desnuda. Corre una de las puertas y coge su ropa interior. Antes de salir de la habitación vuelve su vista hacia él. Parece tranquilo. Sus ojos aún están cerrados y su respiración llena el ambiente con una melodía cotidiana.
Entorna la puerta del cuarto y camina hacia el baño. Desnuda, sin secretos que guardar deja las bragas y el sujetador sobre la tapa del retrete. Regresa al cuarto y mira por la rendija de la puerta. Él está despierto y mira pensativo su imagen en los espejos, ajeno a la mirada de ella. Ella permanece allí espiando el instante durante unos segundos y decide regresar al baño para darse una ducha. No, no volverá a pensar en esos círculos concéntricos que un día no hace mucho la llevaron a un laberinto sin salida. Tal vez, el agua en su cuerpo borre los pensamientos que acaba de descubrir. El agua hierve y es incapaz de dominar la temperatura. Se aleja de todo y deja que los cristales transparentes y limpios arrastren consigo esa sensación de que la irrealidad construye sus días. Muy pronto en apenas unas horas estará rodeada de desconocidos y podrá dejarse llevar por las palabras que estos dibujaran en el espacio para ella. Pero ahora debe sortear la angustia para no resbalar y caer de bruces.
Él no tarda en posar sus pies en el suelo. Juntos acuden a un bar cercano. El camarero molesto, quién sabe si porque esa mañana ha tenido un desencuentro con el mundo, les sirve un café. Mientras mira el oscuro líquido en la taza, recuerda una cita de Atahualpa Yupanqui “No necesito silencio, ya no tengo en quien pensar”. Pero el inquebrantable vacío se apodera de la cucharilla con la que en unos instantes tendrá que agitar el café. Imagina que en el interior del líquido, contra la corriente que ella creará con la cucharilla, nadará un pequeño pez que por los efectos de la cafeína girará cada vez más rápido. Tal vez sea un pez volador que salió un día de viaje y que ahora ante la falta de oxigeno necesita parar. Y no ha encontrado otro lugar en el que zambullirse, tan sólo esta improvisada pecera de loza blanca cuyo contenido altera sus nervios.
Ella toma un cigarro de la cajetilla y lo prende. Como puede consigue no desplomarse. Se deja llevar por el humo. Busca una verdad comprensible en el fondo de su bolso. Una verdad que le explique el porqué de esa frontera que parece alzarse entre ella y todo lo demás. ¡Las fronteras no existen!, escucha que gritan desde el fondo del bar.
Vuelve a meter la mano en el bolso y busca un gesto que regalar o que regalarse, y como no lo encuentra decide dibujar uno con los dedos. Pinta el retrato de una mujer distinta. De cabellos lacios y suaves, con cierto toque oriental. Una mujer voluptuosa, de boca grande y carnosa. De ojos verdes. Cuando termina el dibujo lo toma en sus manos, lo levanta y lo aleja para verlo con distancia. Y descubre que la mujer no tiene ojos, no le ha dibujado ojos, en su lugar ha pintado un par de hojas de roble, parecen nubes de color verde.
La ciudad arde entonces entre lamentos que prefiere ignorar para que esa pasión no la distraiga de lo que acontece.
Suena Max Richter "On the nature of daylight"
lunes, 7 de noviembre de 2011
El arte de

Ilustración de Ana Juan
«El arte de desarrollar los pequeños motivos para resolvernos a realizar las grandes acciones que nos son necesarias. El arte de no dejarnos nunca humillar por las reacciones ajenas, recordando que el valor de un sentimiento es un juicio nuestro, pues seremos nosotros quienes hemos de sentirlo, no quien interviene. El arte de mentirnos a nosotros mismos sabiendo que mentimos. El arte de mirar a la cara a la gente, comprendidos nosotros mismos, como si se tratase de personajes de una novela nuestra. El arte de recordar siempre que, no contando nosotros nada y no contando nada ninguno de los demás, nosotros contamos más que nadie, simplemente porque somos nosotros. (…) El arte de tocar fulmíneamente el fondo del dolor, para emerger de un salto. El arte de sustituir nosotros a cada uno, y saber después que cada uno se interesa por sí mismo. El arte de atribuir cualquier gesto nuestro a otro, para aclararnos al instante si es sensato. El arte de poder pasarse sin el arte. El arte de estar solo».
El oficio de vivir (1952).








